La Puerta al Inframundo

En el corazón de una ciudad olvidada, entre callejones oscuros y edificios en ruinas, se encontraba una puerta. No era una puerta ordinaria; tallada en piedra negra, con símbolos antiguos que parecían moverse en la oscuridad, era la entrada al Inframundo, el dominio de los demonios.

La leyenda cuenta que, cada cien años, la puerta se abre, permitiendo que los demonios vaguen por la tierra durante una noche, buscando almas para arrastrar de vuelta al Inframundo. Esta noche, conocida como la Noche de las Almas, era temida por todos, pues nadie quería ser la presa de estos seres oscuros.

Elena, una joven con un espíritu aventurero y un interés en lo oculto, había investigado la leyenda durante años. La Noche de las Almas se acercaba, y contra todas las advertencias, decidió presenciar la apertura de la puerta. Armada con amuletos de protección y un libro de hechizos antiguos, Elena se dirigió hacia el lugar donde la puerta supuestamente se encontraba.

Al llegar, el aire se sentía cargado, como si una tormenta estuviera a punto de desatarse. La puerta, imponente y tan negra que parecía absorber la luz, comenzó a vibrar. Elena observó, fascinada y aterrada, como los símbolos empezaron a brillar con un fuego azulado. Con un estruendo que sacudió el suelo, la puerta se abrió, revelando un abismo de oscuridad más allá.

De ese abismo, emergieron figuras retorcidas, demonios de todas formas y tamaños, con ojos que ardían con un fuego maligno. Elena recitó rápidamente un encantamiento de protección, formando una barrera invisible a su alrededor. Los demonios, al notar su presencia, se abalanzaron hacia ella, solo para ser repelidos por la barrera.

Mientras los demonios intentaban infructuosamente alcanzarla, Elena aprovechó para estudiarlos, tomando notas y dibujos. Sin embargo, su fascinación se convirtió en terror cuando un demonio más grande y poderoso que los demás apareció. Este demonio, con una inteligencia y malicia que superaba a los demás, observó a Elena, sonriendo con una boca llena de dientes afilados.

Con un gesto de su mano, el demonio rompió la barrera de protección de Elena. Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza invisible la arrastró hacia la puerta. En el último momento, Elena logró agarrar su libro de hechizos, pronunciando las palabras de un hechizo de cierre. La puerta comenzó a cerrarse, pero el demonio, con una risa burlona, prometió regresar por ella.

Elena escapó por poco, con la puerta cerrándose detrás de ella. Aunque había sobrevivido, sabía que el demonio había marcado su alma. Desde esa noche, Elena dedicó su vida a estudiar los demonios y el Inframundo, buscando una forma de protegerse cuando la puerta se abriera de nuevo.

La puerta al Inframundo permanece oculta, esperando el próximo ciclo para abrirse una vez más. Y en la oscuridad, los demonios aguardan, susurrando promesas de venganza contra la única que escapó de su alcance.