Dios Padre Todopoderoso,
te ruego que bendigas los sacramentales
con la preciosa Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo.
Que su Sangre derramada en la Cruz
sea fuente de vida y gracia para todos aquellos
que se acerquen a estos objetos sagrados.
En la Sangre de Cristo encuentro salvación,
purificación y redención.
A través de su sacrificio supremo,
obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte,
y nos ofreció la posibilidad de ser reconciliados contigo.
Bendice, oh Señor, todo crucifijo y medalla,
todo rosario y escapulario,
todo agua bendita y vela consagrada,
todo objeto que utilizamos en nuestra devoción.
Que estos sacramentales sean canales de tu amor,
recordatorios constantes de tu misericordia infinita.
Confiadamente me encomiendo a ti,
oh Sangre preciosa de Cristo.
Derrama tu poder sanador y protector
sobre mi vida y la de mis seres queridos.
Líbranos de todo mal y peligro,
y fortalécenos en la fe y en la esperanza.
Que tu Sangre, oh Jesús, sea nuestro escudo y refugio,
nuestra defensa y nuestra fortaleza.
Confiados en tu bondad y amor inmenso,
acudimos a ti en busca de tu bendición.
Te alabamos y te agradecemos, oh Señor,
por el don inmenso de tu Sangre redentora.
Amén.